LA MÁSCARA

 
 Pasan muchísimas cosas durante los miles de días que permanecemos en esta tierra, pero una de las más importantes tiene que ver con las relaciones que mantenemos a lo largo de toda nuestra vida, sea que tengamos interacciones cortas o demasiado largas, lo interesante aquí es cómo se dan y el gran impacto que causan en nosotros. Seguramente estarán de acuerdo cuando digo que un 85% de los traumas, ideales, formas pensamiento/sentimiento, y demás, nacen del compartir tiempo alguien. 

Si dedicamos tanto a los demás, naturalmente nos descuidamos, si dedicamos mucho a nosotros, los demás reciben miserias, pero si encontramos el punto de balance en el que todos ganan, habremos creado la realidad que muchos esperamos concretar. El problema es que el hombre tiene el mal hábito de apoyar a las figuras menos productivas, las que no aportan nada para una real mejoría en el mundo. Alguien explíqueme por qué sigue consumiendo contenidos tan nocivos para el buen funcionamiento de nuestro complejo ser, ¿de qué nos sirve brindarle tanta atención a las polémicas absurdas sobre el comportamiento infantil de todas esas figuras famosas y lastimosamente influyentes? ver cómo se dedican canciones, historias, publicaciones, como se señalan y juzgan entre sí, saber sobre sus situaciones personales y sus relaciones claramente tóxicas y dramáticas, apoyar industrias tan grandes como lo es la de maquillaje, ropa, etc. Hoy en día todos se preocupan por dos cosas: dinero y quién deberían ser para encajar bien. 

Todos terminan siendo una copia de aquellos que justamente, influencian a la gente con su pésimo ejemplo de "vida perfecta" aclaro que no todos ellos son iguales, pues hay personas hermosas que realmente se preocupan por dejar un mensaje positivo y beneficioso mostrando estilos de vida mucho más orgánicos y simples sin normalizar la constante contaminación mental y espiritual que a diario se ve en las redes sociales. Debo decir que todas estas personas cargan con el peso de la gran competencia que tiene su contrario, y entristece muchísimo. 

La regla de hoy: consumir hasta morir. 


Se pierde mucho tratando de alcanzar esas expectativas, perdemos tiempo, dinero, energía y vida. Es tan real que llegamos al extremo de no saber quiénes somos o que razón tenemos de existir, hacia dónde vamos y qué es lo que realmente buscamos. Uno de los deseos más comunes, luego del amor romántico, es el dinero, dinero que queremos para consumir sin límites y encontrar la felicidad en la banalidad de la materia. Somos tan ingenuos que se nos olvida que toda acción, tiene su reacción igual o de signo opuesto. Que ironía, ¿no? que incluso esas leyes físicas que estudias arduamente para conseguir tus títulos y reconocimientos, te expliquen verdades básicas del funcionamiento real de la existencia y no lo logras ver. 

Con esto acabo de aclarar también, que no hay excusas para no percibir el verdadero camino hacia el que se dirigen las cosas, no hay excusa para no encontrar respuestas, puesto que todo está ante nuestros ojos, pero solo hace falta la consciencia necesaria para ser capaz de VER. 

No te pido que me creas, tampoco que no les creas a aquellos que te venden sus vidas como el ejemplo ideal del éxito; solo te invito a que tú comiences a crear tus propias definiciones y términos. Vive tus efímeros días aquí en la tierra, haciendo, escuchando, comiendo, viviendo y amando de una manera consciente y totalmente sana para ti y los demás, porque en ese punto estarás conectando con tu verdadera identidad, no escondiéndote detrás de la máscara que creó el hombre para definirse a sí mismo en su abrumadora confusión. 

Deja de gastar vida, intentando ganar "felicidad".

Y culmino este bello escrito aclarando que la idea, cada vez que mi corazón expresa su valor, no es darte soluciones específicas ni detallarte cada punto de los temas que decido tocar. Tengo un propósito más simple que ese: hacerte pensar.




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