CHOCANDO CON LA LIBERTAD
Este es otro de los objetivos de la humanidad, la libertad. Buscamos la libertad de maneras desesperadas a medida que adquirimos más años de vida, la anhelamos porque creemos haber nacido sin ella, así como es el caso del amor, la felicidad, y muchos otros estados del ser. Esto ocurre porque nunca nos han mostrado la vida desde otra perspectiva, nadie nos enseñó a encontrarla, ni siquiera una pista de dónde podemos hallarla.
El mundo de hoy mantiene activos muchos términos confusos que nos ayudan a tener cierta idea de lo que es real y lo que no lo es, esto le ha traído al mundo mucho control, y parte de él es mantener estados de víctimas y bestias, pero no es necesario experimentarlos por separado, en ocasiones se proyectan los dos a la vez. Todas las personas precisan confrontarlos en su vida a distintos ritmos y escalas de superación; son pasos esenciales en el camino hacia la consciencia, los cuales eventualmente nos guiarán a encontrar la armonía en forma luz/amor.
En estos estados de consciencia con proyecciones energéticas bajas, conectamos con emociones estancadas y muchos nudos qué desatar, estamos en la etapa antes de la iluminación, antes de los estados de poder y fluidez energética, donde nos aferramos a sentimientos que expresan la contracción de nuestro ser.
Recordando la línea infinita que da origen a la realidad (esa que surge de sentir ↔ pensar), entendemos por qué el estado de víctima y/o bestia, nos prohíben reconocer la libertad como parte de nuestra naturaleza.
Las emociones que frecuentemente notamos en nuestra vida, es decir, las que más se repiten, son las que nos ayudarán a reconocer en qué punto de nuestra evolución estamos parados. Por supuesto que a lo largo de la experiencia terrenal, ningún sentimiento es definitivo, pero podemos moderar nuestras reacciones y analizar momentos específicos de nuestra historia de vida para llegar a los orígenes de nuestras ataduras más intensas.
Cuando nos encontramos sumergidos en la bruma del sufrimiento o la pérdida de dirección, al buscar ayuda para volver a centrarnos, la primera pregunta que nos hacemos es: ¿dónde empezó todo esto? y si lo analizamos con total transparencia, desde nuestros primeros días de vida tuvimos aparentes dificultades que para pasarlas nos tocó tomar decisiones que lentamente nos dirigieron al momento presente. Nunca ha sido culpa de un momento, nunca ha sido una sola vivencia, se trata de la existencia de nuestra propia vida, del funcionamiento de nuestro propio ser, y si vamos al fondo más plano, hoy nos convertimos en personas tan difíciles, tristes y estresadas, gracias a nuestra mente mal entrenada.
Podría parecer que pinto la situación de una forma en la que solo es tu responsabilidad la forma en la que tu vida sucedió, sucede y sucederá, pero la realidad es que intento decir que somos millones de mentes mal entrenadas, desperdiciando nuestros potenciales divinos por priorizar el control y la supervivencia, por convencernos de vivir en un mundo hostil; y esa creencia produce el nacimiento de emociones contraídas. Así le damos vida al infierno en la tierra.
Entonces, no busco encontrar un culpable, ni siquiera busco exponer la justicia, porque entiendo que todos nos encontramos navegando en el mismo mar, siendo parte de la misma tripulación, cumpliendo nuestros roles individuales, dirigiéndonos hacia la tierra prometida, el nirvana.
Este es quizás el ruego más desesperado que muestro para parar de señalarnos y juzgarnos, para dejar de buscarnos diferencias, marcarlas en rojo y etiquetarnos de "sanos" o "enfermos" porque yo me encuentro tan manchada como tú, y soy tan humana, como tú.
Te diré entonces, que si eso es tan terrible como algunos podrían pensar, si es tan molesto involucrarse con otro igual, entonces deberían comportarse como ejemplos a seguir para aquellos que no se "tratan" su "enfermedad" y dedicarse a amar y expandir la paz, no lo contrario.
Porque si no soy capaz de entender que aquello que me daña, me asusta o me rompe sin explicación, me humilla y me señala, también soy, entonces no sé nada. Y lo crea o no, no tengo poder absoluto sobre los procesos de los demás, solo del mío. A partir de ahí, si hago de mí un ser tan flexible como el caramelo, o uno tan rígido como el concreto, habré elegido vivir desde mi libertad, para conmigo mismo y los demás, o chocar con mi libertad y la de los demás.

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