EL DERECHO
No existen etiquetas suficientes para describir lo que uno siente cuando está solo, el humano siempre busca compañía, siempre busca relacionarse y expandirse junto a los demás para sí mismo y quienes lo rodean.
La soledad suele doler, suele sentirse vacía y profunda, a veces es el peor espacio en el que quisieras estar debido a lo vulnerable que te sientes, y que, sabes que la única ayuda con la que cuentas es la tuya propia. No quiero ir a la misma corriente a la que van la mayoría de los escritores al momento de expresar la soledad van, todos expresando lo misterioso, doloroso o incluso beneficioso que tiene el estar en soledad.
A veces la soledad es una de esas múltiples cosas en la vida que, definitivamente no buscas, pero termina haciéndose parte fundamental de ti, la padeces hasta el final y la estudias sin querer, en ella te pierdes y entiendes. Y incluso llegas a pensar que es lo mejor para ti cuando te encuentras cansado de la situación, vida.
Como expliqué antes, el mundo se está moviendo de maneras muy raras, todo se desliza sin sentido y pocas personas están dispuestas a notarlo, las personas creen que porque alguien decidió compartir algo al mundo, deben ser el saco de boxeo de todo aquel que lo ve; así funciona el internet hoy en día. Si a través de él todos pueden compartir su perspectivas y razones, toman su derecho en contra del de los demás, y así se pierde el propósito y sentido de compartir algún tipo de contenido a un mundo que no lo valora y se burla.
Entre ese intercambio, ambos se sienten solos. Aquel que comparte está cansado de no ser escuchado, de no encontrar su círculo, y aquel que lo critica, está cansado de sentirse nadie y no saber cómo serlo. Pero ojalá entendieran ambos las distintas posiciones, ojalá el mundo se diera cuenta de que hay mucha más diversidad de la que parece, y que no todos encajan en el mismo molde de acuerdo a su aparente especialidad.
Sí, todos tienen el derecho de expresarse y compartir lo que deseen, pero el mundo deja de sentirse amigable cada vez que te das cuenta de que todos discuten entre sí buscando que sus propias razones reinen para sentirse seguros y sencillamente, tranquilos. Este quizás no es uno de los escritos más intensos y extensos que he hecho, pero aún así les pido considerar su importancia.
Hagamos del mundo un lugar habitable y seguro para nuestra vulnerabilidad y pureza, donde no tengamos que refutar ni pelear todo el tiempo. Que el mundo se sienta como nuestro hogar, que se sienta en paz, un refugio, un lugar seguro, lleno de almas puras en expresión de su divinidad. Ojalá.



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